Suspiro mientras miro mi reflejo, sin mucho interés me
encuentro lavando mis manos en el sanitario de la escuela. Terminando tomo un
poco de papel para mirar mi rostro nuevamente, estoy cansada.
Saco de mi bolsa un poco de maquillaje, rímel y sombras.
Comienzo a retocar mis ojos de negro, pasando el rímel debajo de mis parpados
intentando contrastar mi piel, pongo maquillaje en mis mejillas intentando
colorearlas. Me entretengo bastante tiempo intentando lucir lo mas radiante
posible, pero después de un momento me rindo y suelto mis cosas sin dejar de mirarme
al espejo.
No importa cuántas veces intente limpiar mi rostro, o cuanto
maquillaje, color y vida quiera darle, esto termina siendo inútil. Mis lágrimas
no dejaban de correr mi maquillaje, todavía dolía mi cuerpo por lo que ocurrió
la noche anterior.
.
Escuché el timbre de salida el cual por un momento me hizo
sentir aliviada, al fin el día había terminado en la escuela pero un
sentimiento invadió mi cuerpo, haciéndolo temblar. Todos mis compañeros
salieron emocionados, listos para ir a casa, comer, jugar, a pasar un buen
rato. En cuanto a mí… me quede un rato más en el salón. Yo no quería llegar a
casa.
.
Oscureció, me quedé en la biblioteca más tiempo de lo
planeado pero al menos aproveché para hacer mis labores escolares teniendo el
resto de la noche libre, cualquiera estaría alegre pero yo seguía temiendo ante
la idea de llegar a casa. Y estar con él.
Tragué saliva al momento que iba a meter la llave en la
perilla, escuchaba ruidos del otro lado lo que significaba que había alguien
dentro. Grité para mis adentros, él estaba en casa. Temblé un tanto asustada,
por lo general él siempre llegaba mucho mas tarde que yo ¿Por qué había llegado
tan temprano? Apenas eran las 9 p.m.
Entré bastante temerosa, esperando que él estuviera
entretenido con alguna otra cosa, la televisión o en su laptop. Saludé sin
siquiera dirigir mi mirada a él, solo pasé de largo excusándome de que fue un día
bastante pesado e incluso me desgasté mucho por la clase de educación física.
Me dirigí mas rápido de lo que pensé a mi habitación y la cerré con llave para
dejar mis cosas en el suelo y dejarme caer en la cama. Mi corazón iba a todo
dar, mi cuerpo temblaba. Estaba aterrada.
Sé que estaba furioso, lo pude sentir al pasar junto a él,
algo malo debió haberle pasado para que estuviera tan molesto, y siempre que se
encontraba de esa manera solo significaba una cosa. No paso mucho tiempo para
que comenzara a escuchar ruidos en mi puerta, él estaba girando la perilla sin
poder lograr entrar, fue entonces cuando por un momento, solo un pequeño
segundo me sentí segura. No fue hasta que escuché como metió la llave de mi
puerta lográndola abrir.
Mis ojos comenzaron a llorar sin poderlo evitar. Cuando él se
encuentra así de furioso, tendía a ponerse más intenso. Me giré ocultando mi
rostro en la almohada intentando calmarme, quizá podía convencerlo de lo
cansada que me sentía si me veía así, pero no fue hasta que sentí como alguien
se dejaba caer a mi lado, recostándose a la vez que me abrazaba por la cintura
apegándome a él.
Lo sentía bastante cerca, tanto que podía sentir su
respiración en mi cuello, su latir del corazón a la vez de su notable excitación.
- Mía… - lo escuché susurrarme pero esta ocasión fue más como
una súplica.
Me quedé en silencio, no quería decir nada, si me quedaba
callada podía disimular que estaba dormida, fue entonces cuando comenzó a
sollozar y a abrasarme con mas fuerza. Estaba llorando.
- Soy tuya… - respondí derrotada, y así comencé a sentir como
sus manos empezaban a tocar todas las partes de mi cuerpo, para luego meterse
bajo mi ropa.
Al parecer, mañana no iré a la escuela. Mi maquillaje no
podrá cubrirme toda esta vez, no si él vuelve a usar sus tijeras en mí.
(continuará...)

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