El sol se escondía detrás de las nubes, a pesar de no ser tan temprano el clima estaba bastante fresco pero no era de extrañarse debido a que nos encontrábamos en medio del bosque, justo al lado del lago.
Mis amigos y yo decidimos pasar el fin de semana en una cabaña que rentamos con fines prácticos, queríamos descansar de la dura jornada de exámenes finales que tuvimos, al ser los últimos días de escuela nos habíamos esforzado al máximo haciéndonos ahora merecedores de un fuerte descanso.
Caminé por un buen rato sin alejarme tanto de la cabaña para no perderme, cuando de pronto algo curioso me llamó la atención. Había un chico, no muy lejos y parecía que estaba observando hacia la cabaña pero al acercarme noté que tenía su vista perdida, estaba pensativo.
Me acerqué más a él hasta que me puse a su lado, o estaba tan distraído que no se fijó en mí, o mi presencia no le importaba en lo más mínimo.
Hola, ¿Qué tal? – me atreví a saludarlo para luego darme un momento y admirarlo.
Tenía un suéter un tanto holgado y con gorro, el cual cubría su cabeza pero eso no me impidió notar que su cabello tenía una tonalidad grisácea además de que al parecer era más largo que el mío, ya que los mechones que salían de este llegaban hasta debajo de su barbilla.
Pero se quedó pasivo aún viendo a la nada, entonces me di una idea de que quizá solo quería estar solo y pasivo. Yo no iba a arruinar eso.
Me senté entonces y recargué en el árbol en el que él estaba recargado. Tomé mi libro y comencé a leerlo justo en la pagina en donde me había quedado la ocasión anterior.
Ya después de lo que me atrevería decir horas, me di cuenta de cómo al igual que yo él se sentó en el pasto recargándose en el árbol mientras suspiraba, no dije nada, solo sonreí mientras continuaba leyendo.
Era una lectura bastante interesante sobre un psicópata en un manicomio, contaba sobre todos los homicidios que había llevado a cabo por parte de su propia perspectiva, la cual explicaba con tal fascinación que pude notar el empeño que él expresaba en sus homicidios, dejándome admirar la belleza de aquel arte macabro.
De pronto un ruido me sacó de mis pensamientos, era el ruido como el de un rugido. Volvió a escucharse y volteé a ver al chico el cual simplemente suspiró cansado, al parecer ese sonido era el de su estomago.
Oye niño, toma… - Le ofrecí amablemente mi manzana – Al parecer estas hambriento, tómala te caerá bien – le sonreí.
Entonces volteó la mirada para verme, era la primera vez que lo miraba fijamente desde que lo encontré. Me vi sumergida en un profundo abismo, sus ojos tenían curioso color gris haciendo que su mirada fuese muy penetrante, se veía profunda y muy, muy en el fondo aturdida.
Me miraba con tal intensidad que se veían impenetrables sus pensamientos, después bajo su mirada a mi mano observando la manzana.
No la quiero… - me contestó después de un rato, su voz me causó un escalofrió, era tan ronca, casi como la de los chicos que les gusta cantar música del genero Metal pero no por eso no era atractiva, su voz tenía algo que la hacía sonar tentadora y posesiva.
Vamos, no es mala. Tenía otras manzanas pero mis amigos se las comieron, esta es la última que queda además tienes hambre – insistí.
No me gustan las manzanas…
No saben tan mal además puede que aun falte tiempo para que puedas comer algo que te guste, es mejor que la tomes y le des una mordida ¿sí? Al menos para que la sensación de hambre pase…
Volvió a mirarme fijamente sin decir nada, sin expresar nada. Su piel era algo pálida y por lo poco que pude notar se veía un poco maltratada, como si hace tiempo le hubiesen dado una tremenda paliza más no se veía frágil, al contrario, transmitía un aire agresivo.
Me puse un tanto nerviosa pero le sonreí, en el fondo este chico tenía algo de atractivo además de que los chicos malos son los más interesantes.
Se está haciendo de noche… - dije después de un poco, puse la manzana en el suelo y me levanté – tengo que irme, habíamos quedado en encontrarnos temprano en la cabaña pero te dejo la manzana para que te la comas, por favor ¿está bien? – Le sonreí nuevamente, me di cuenta que en ningún momento aparto la vista de mí, lo cual me hizo sentirme un poco más nerviosa.
Fue un placer…
Me despedí y caminé en dirección a la cabaña.
La noche fue larga…
Me levanté pero volví a sentar, sentía que me desmallaría en cualquier momento ¿Por qué me dolía tanto la cabeza? Al moverla un poco una fuerte punzada me dio en la parte trasera de mi cuello, llevé mi mano y noté que una parte me dolía mucho ¿habré dormido en una posición incómoda?
Después de un buen rato que sentí que mi vista mejoraba, noté que justo en el mueble a lado de mi cama había una manzana, una manzana verde.
Como pude, volví a levantarme y salí de mi habitación para dirigirme a la sala, lo que vi me dejó petrificada.
Me di cuenta que mis amigos estaban regados por doquier, en los sillones, en el piso, en la cocina, mesa, sillas….
La puerta estaba abierta en la cual había un rastro de sangre que se dirigía hacia el bosque y se perdía.
Solté la manzana, la cual cayó y rodó hacia la mesa. La vi fijamente y en esta había cubiertos platos y vasos. Me di cuenta de que hicieron una especie de festín en la cual el platillo principal era la carne y órganos de mis amigos.
Carne a medio comer, con muestras de mordidas y los vasos a medio llenar de sangre como si fuesen una bebida.
Bien me lo había dicho, no le gustaban las manzanas….

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